“Mamá cayó porque se puso sensible. Pero al salir de la casa y caminar por la calle, el inalámbrico se cortó la señal. Ahí los chorros volvieron a llamar y atendió su marido. Los puteó y cortó. Si no hubiese sido por él que se dio cuenta, mi vieja se moría de un paro cardíaco. Los chorros le decían que no llame a la policía desde ninguno de los teléfonos de casa, que estaban enredados con ellos y que eran sus cómplices. Igualmente, mamá llamó y al rato estaban los patrulleros en la puerta de casa. Ellos le explicaron que últimamente estaba pasando mucho, que llaman desde la cárcel”, agregó Luly.
“Lo peor es que mamá no podía comunicarse conmigo hasta que se le ocurrió llamar a una amiga y ella le dijo que yo estaba a su lado, que se quedase tranquila”. Fue una desgracia con suerte”, finalizó la rubia.