"Aparece él pelado en casa a los 17 años. Y me dice: te acompaño. Nunca le dijo a nadie por qué se afeitó la cabeza sistemáticamente hasta que a mí me creció el pelo. Escribimos un testamento donde hablábamos del cáncer", siguió movilizado Arana.
Y cerró: "Me curo y el 12 de diciembre del año siguiente él se muere de una aneurisma".