En este drama, Julia Roberts interpreta a una madre que sostiene una relación conflictiva con uno de sus hijos que regresa a casa luego de una larga ausencia. Resulta que una de las escenas transcurre en un cementerio de Nueva York, y en plena filmación, frente a una tumba, Roberts sintió una presencia que la conmovió de tal manera, que le impidió continuar con su labor.