"Confieso que pensé en que quizá llegaba y no estaba despierta. Gracias a Dios llegué, estaba hinchada como un escuerzo, con ojeras violetas. Los dos primeros días fue remar, pero el sábado con la transfusión fue el cambio", dijo luego.
"No se sabe cómo contrajo la enfermedad, no es contagioso. Tampoco es un virus, como puse en el comunicado, según me explicaron. No es genético, ni hereditario… En Estados Unidos hay un caso cada 100 mil nenes al año, todavía no hay antibióticos, vacunas ni nada. Lo que se hizo fue una transfusión de nueve horas de gamaglobulina para fortalecerla y enfrentar el síndrome cuando abarque todo el cuerpo", explicó.