Y lo hace bien; tan bien, que su cargamento crece de forma exponencial, y le asignan un encargado. Pero esa persona no es la única que lo controla: la mula nueva y misteriosa también llama la atención de Colin Bates, un agente implacable de la DEA.
Así, Earl comienza a superar los problemas financieros y también a sentir el peso de los errores que cometió en el pasado, y no se sabe si tendrá tiempo para arreglarlos antes de que lo atrapen las fuerzas de seguridad o las del cartel.