Monona reveló que no tenía la misma relación con Dalma y Gianinna que con Jana. “Las hijas sí estuvieron, siempre, Gianinna cuando la llamabas, siempre estaba, pero con Jana era otro vínculo, no era lo mismo, no era tan pegada. Se quedaba a dormir pero era distinto el trato. Dalma hablaba mucho por teléfono por el tema del COVID. Pero todos los hijos estuvieron presentes”, afirmó.
Sobre Rocío Oliva, dijo que no estaba en la casa desde que se separaron. “Terminaron y ella no fue más, mientras yo estuve en la pandemia, no estaba”. En cambio, sí destacó la presencia de Verónica Ojeda: “Dieguito iba siempre, lo adoraba. Le cambiaba el humor automáticamente cuando entraba el nene, le encantaba verlo”.
“Se hacía el boludo, pero sabía todo porque él me decía todo en la cara. ´Yo los voy a dejar correr hasta donde yo quiera, pero después les corto las piernas´, me decía”, explicó la mujer.
La última noche, el último contacto
“Me dijo que no quería comer, pero le llevé unos sándwiches y un té. Dicen que no comió, pero es mentira, comió uno porque yo los contaba. Quería estar solo, quería descansar”, explicó. Y aclaró que su médico era Luque y que Diego le hacía caso a él. Sobre la mañana en la que fallece, cuenta: “Lo único que recuerdo es el conteo, que no quiero ni acordarme, el ‘1,2,3, vamos, Monona’, fue muy fuerte. No hubo manera de reanimarlo”, contó la cocinera sobre su último encuentro con Maradona.
Por último, reveló que aquella mañana del 25 de noviembre estaban todos tratando de revivirlo. “Estaba la enfermera y el de seguridad haciéndole RCP; es mentira que la psiquiatra se lo hacía porque no sabía cómo se hacía. Y después me decían a mí que le haga respiración. ´Yo no’, dije. A mí me daba impresión, no podía. Me decían: ‘Dale, Monona, hacelo, cuando yo te digo, 1.2.3′. Era una locura, ese conteo quedó en mi cabeza por días”.
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