"La verdad es que las funciones renales están muy bien, estoy eliminando varios litros de orina por día así que en ese aspecto los médicos y yo estamos muy conformes. Estoy dolorida, obviamente, pero contenta, feliz... Imaginate el dolor que estaba pasando que no podía levantar a mi hijo, no podía subirlo al auto, tenía que andar con una chica que me ayudara todo el tiempo. Tengo ganas de empezar a jugar con mi hijo", señaló la joven empresaria al diario Crónica.
"Podría haber recibido el alta médica el sábado, pero el viernes me realizaron una intervención menor que retrasó todo. Hubo un pequeño accidente, como el de apretar la manguera de la bolsita de la orina con la cama y eso me produjo una fisura en el uréter, que fue lo que retrasó todo", agregó.
Ansiosa por recibir el alta, la joven empresaria dueña de la posada Alma Do Mar en Praia Do Rosa, Brasil, recordó cómo colapsó su riñón: "Fue en noviembre del 2011, en Brasil comí un pescado y me cayó muy mal. El riñón que me habían trasplantado en agosto de 2001 comenzó a rechazar todo este verano y vine a una clínica en Olivos donde me diagnosticaron una fuerte gastroenterocolitis. Los médicos me dijeron que era necesario un trasplante y estaba Sandra conmigo. De a poco nos dimos cuenta de que teníamos todo igual y fue un verdadero milagro".
"Mi diálisis fue terrible, llegué a pesar 44 kilos y eso creo que aceleró la decisión, pero no me la hicieron fácil. Investigaron todo: fotos, vínculo, hubo psicólogos, médicos forenses. A Sandra le preguntaron si era consciente de que se iba a quedar sin un órgano y ella respondió: Lo que vos recibís es más de lo que das. A la gente le digo que done. Sin darse cuenta, le dan vida a muchas personas", sostuvo Sonsoles.
Hoy, Sandra y Sonsoles "festejan cada parte médico con mucha emoción" y pronto la joven beneficiaria de tal acto de amor, recibirá el alta y podrá irse a su casa.