"Me di vuelta: 'Vamos changuito, vamos'. Ahí estaba Leuco, el periodista político implacable que ya polemizaba en televisión, con un paraguas destartalado, un short deportivo, remera de piyama y pantuflas: así se viste mi superhéroe. 'Vamos changuito, vamos'. Como Superman, mi viejo dejó su identidad de periodista, se paró de la mesa del living siempre abarrotada de diarios, y salió a buscarme. Hoy me acuerdo de eso cada vez que estoy triste, me río, me emociono y me desborda la ternura. Cuando me preguntan por la relación que tenemos, si es difícil trabajar con él, no puedo evitar pensar en aquel momento. Ese día supe, entendí, que él era capaz de todo por mí. Lo único que puedo decirte hoy, a los 60, es que sos mi héroe. Siempre lo fuiste. Admiro profundamente (se quiebra) tu integridad, tu honestidad a prueba de balas y chicanas. Es un orgullo para mí ser Leuco. Ser Los Leuco. Nunca me voy a cansar de repetir que sos un referente moral, que más allá de las charlas, de los consejos, de mis llamadas angustiadas cuando no sabía cómo encarar una nota a media hora del cierre, vos me enseñás lo importante de ser buen tipo, noble, honesto. Nada me gusta más que encontrarme con alguien que trabajó con vos: 'mandale saludos a tu viejo, eh. Uno de los mejores jefes que tuve'. Cualquiera puede ser exitoso en su profesión, pero sólo las buenas personas como vos pueden ser también buenos jefes. En 12 años de ataques nunca pudieron decirte nada. No encontraron ni un vuelto mal cobrado en un quiosco, nunca un doblez, nunca una posición antidemocrática o anti popular. Solamente pueden atacarte mintiendo. Te odian por tu nobleza, te aborrecen porque no sos como ellos. Te insultan porque no son capaces de comprender tu honestidad de acero, tu pasión, tu convicción y tu entrega por este oficio tan hermoso y tan puto. Y a veces tan ingrato. Gracias por inocularme el bichito del periodismo. Gracias por enseñarme a tocarle el culo a los poderosos, gracias por exigirme luchar con la frente alta, gracias por mostrarme cómo hacerse respetar. Gracias por permitirme compartir la cancha con vos, gracias por desbordar por afuera y levantar el centro justo al medio del área para que yo pueda cabecear. Gracias por festejar los goles conmigo, gracias por abrazarme también cuando los goles son en contra. Miles de veces, en los días fríos de Río Gallegos, durante mi primera cobertura fuera de Buenos Aires yo repetía para adentro 'cuidate changuito, que si no te cuidás vos, ¿quién te va a cuidar?'. Y eras vos el que me cuidaba, como siempre. Desde lejos y aunque sea sólo con esa frase. Hoy me seguís cuidando y se me infla el pecho cada vez que siento que yo puedo cuidarte un poco a vos también. Los Leuco se hace espalda contra espalda, con el cuchillo entre los dientes, con las manos limpias y la tranquilidad de dormir sin remordimientos y poder llegar con la espalda partida de laburar y caer desmayado sobre la almohada con la lengua 'adzí' (sic) como me enseñabas cuando yo no podía dormir y esgrimías tu teoría de que relajar la lengua te hacía dormir más rápido".