Y siguió: “Pero el gran temor de él –porque en un momento me pidió: ‘Mamá, no la llames’– era la lengua de Nazarena. Tenía mucho miedo a la exposición pública, a los periodistas, lo que pudieran decir de él, lo que ella pudiera decir”.
Por último, confesó: “Ella quería terminar la relación, y es justo, tenía su derecho. Era mi hijo el que estaba mal... Por eso digo que no hay que buscar la culpa en ella. A lo mejor no fue la forma de terminar, pero cada uno tiene su manera de ser. Ellos se llevaban muy bien, los veía muy felices... Pensé que era la mujer definitiva”.