“Cuando me vio Michael, pidió que pasáramos a tomar algo. Estaban el abuelo, el tío abuelo y los músicos. No hablamos prácticamente esa noche porque nos sentamos separados. Pero al final de la cena le pidió a su traductor ‘decile que me voy a casar con ella, nunca me pasó una cosa así, estuve con millones de mujeres, pero nunca me pasó lo que me pasó con ella cuando la vi’. Entonces yo le dije al traductor ‘decile que todos se quieren casar conmigo, que todas las personas con las que estuve se quisieron casar conmigo’. Pensó que le estaba haciendo un chiste, se rió y yo le estaba hablando en serio, ja, ja”.
“Me fui, nunca más lo vi y un día me llegó un mail. Tiempo atrás, me había hecho fan de su página de Facebook cuando empecé a tocar el saxo. Entonces él me escribe y me dice que estaba aterrizando en Argentina, que había venido tres días especialmente para conocerme a mí y a mi familia. La primera noche lo pasé a buscar por el hotel y lo llevé a comer a la casa de mi mamá con toda mi familia”, contó entre carcajadas ante la mirada atónita de Seefeld.
“Él estaba todo vestidito de traje y moño, mientras que yo estaba de jeans. No sé a dónde pensó que lo iba a llevar. Mis papás no sabían bien quién era, pero se vistieron con lo mejor que tenían y armábamos historias, le dijimos que teníamos mayordomo… ¡todo mentira! Esa noche nos filmó a todos y decía ‘bueno, acá estoy con la familia de mi esposa’. Todavía tengo esos videos. Ni hablábamos todavía, ¡tuvo que ir con un traductor a la cena! Terminamos la cena, se levantó, empezó a lavar los platos… Lo veíamos como nosotros, en su casa. Y así fue como arrancamos”.