"A las 10 de la noche, metida en la bañadera, en la ducha, con Pedro atrás mío, abrazado, fue muy difícil... En un momento tiré la toalla. Pero si no fuera por ellos, por Pedro, por la partera, no podría haber seguido, reconoció. Ahí nos fuimos a sala de parto. Y empecé a implementar lo que aprendí: esto de parir en movimiento. Porque un bebé no sale así nomás, menos un bebé de 4.400. No estuve acostada boca arriba en una camilla, sino que me fueron rotando de un lado al otro. Fue como un parto animal, me puse de cuclillas, buscando la posición más cómoda. Y no tuve anestesia sino analgesia".