Pero cuando subió al escenario las cámaras captaron a un Eminem evidentemente desmejorado, flaco y con una aparente operación de nariz.
Atrás quedó aquel guapo, robusto y musculoso muchacho.
El destacado artista reconoció que por mucho tiempo sufrió problemas de adicción a las pastillas para dormir, al Valium y al Vicodin, un fuerte analgésico. Hasta que casi muere por sobredosis en 2005 lo que lo llevó a ser internado para una rehabilitación.
“En el hospital mis órganos empezaron a dejar de funcionar, mi hígado, mis riñones… Iban a tener que hacerme diálisis pero los médicos no sabían si podía sobrevivir”, contó Slim Shady en un reportaje de la revista Vibe.
Quizás su pasado dejó huellas imborrables en el rostro de Eminem. En lo estrictamente artístico, el 24 de noviembre lanzará su nuevo disco doble, ShadyXV.