"Entonces, la espero con el barbijo, con el alcohol, con todo, y cuando salió se tiró al piso de rodillas, me abrazó las piernas y lloramos mucho", indicó Patricia, emocionada.
"Mirá, me pongo a llorar otra vez. Yo le acariciaba la espalda, decía no puede ser este sentimiento tan genuino, tan enorme y tan profundo, que a uno le sale de adentro, y que es imposible reemplazar", continuó.
"Ese abrazo en las piernas que me dio, te juro que lloramos un montón en la vereda", cerró Sosa.
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