"Creo que si un presidente hace las cosas bien y la gente lo percibe de tal forma, si hay trabajo y los chicos tienen para comer, no hay labor que pueda hacer un humorista que pueda desprestigiar o que pueda romper con un sistema de gobierno tan eficaz. Y de la misma forma al revés: si un gobierno no es tan bueno, jamás un humorista, a través del humor, podría fogonear a favor de alguien y llevar ese proceso adelante. Si la gente no tiene para comer, no hay humorista que lo pueda levantar o hundir. Eso a mí me tranquiliza, espero que la gente lo entienda así", manifestó el humorista en diálogo con La Once Diez.
Siguió con su descargo: "La burla tiene mala prensa porque parece que es reírse del otro y no con el otro. No es así, la burla es sana en tanto y en cuanto no ofendas, uno puede hace una sátira o una parodia. El humor es una delgada línea, la bufonería es una muy delgada línea para que la otra persona se ofenda o no".
Cerró revelando: "Hay ciertos códigos para saber qué temas tocar y cuáles no. Con Mauricio tengo un freno de mano permanente porque tengo que medir mis expresiones; yo no me olvido de que es el presidente de la Nación y que mucha gente puede interpretar que mis trabajos son editoriales políticas y no tengo ganas de que eso suceda, entonces a veces tengo que sacrificar un excelente chiste porque podría poner a favor o en contra a Macri. Yo lo único que quiero es hacer reír, pero sé que me toca bailar con la más fea".