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Noemí Alan durísima con Porcel: “Le gustaba maltratar”

La Tana recordó los momentos en que compartió con Jorge Porcel el elenco de La peluquería de “Don Mateo”.
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Noemí Alan habló con el Diario Crónica y relató su experiencia personal laboral junto a Jorge Porcel en el popular ciclo televisivo “La peluquería de don Mateo”, que, en la década del ochenta, se extendió durante tres temporadas. La Tana se sumó a la ola de críticas contra el capocómico, sin resentimientos pero remarcando los hechos tal cual ocurrieron.

La “Tana”, como se recordará, ingresaba en el salón de peluquería con su inefable latiguillo, “¿Faciamo il reportagio?”. Vestida con un tapado de piel y, debajo, solamente una tanguita. Luego sobrevenían otra parte del guión y el contrapunto con el actor.

Noemí recuerda que no había libretos rígidos y se trabajaba, generalmente, con un disparador y la improvisación que giraba siempre sobre Porcel.

“En muchas oportunidades, Jorge se olvidaba del concepto que tenía que expresar, hacía un sonido de gárgaras y agregaba con mucha soberbia: ‘Escuchame nena, porque no te vas a caminar’, y cuando estaba dada vuelta decía: ‘La gente a vos te mira por esto’ (señalaba la cola). Había una actitud de menosprecio y él no se hacía cargo de su error”.

Alan destacó que “en la primera temporada me banqué todo esto. A partir de la segunda, dije basta. Le comenté a Gerardo Sofovich que si seguía con esta mecánica lo iba a insultar en el segmento que se emitía en vivo. A partir de esa instancia, nunca más me molestó".

Una y otra vez, la “Tana” pone énfasis en esta circunstancia, “él maltrataba y menospreciaba, sobre todo, a la gente que se encontraba debajo de su nivel. Sofovich lo mandaba al carajo y el ‘Gordo’ ni chistaba. El, luego, empleaba esta misma mecánica como la ley del gallinero. Al hermano lo trataba de la misma manera. De una manera muy despótica, era como una especie de sirviente. Recuerdo que, en ese entonces, Tito vivía en una casa muy venida a menos en Avellaneda”.

“Después -agregó Alan- compartí en mi casa de Mar del Plata algunas cenas con Porcel y su pareja, Luisita Albinoni, de quien me hice muy amiga. Cenábamos los ravioles que hacía mi vieja. También fuimos a comer a algunos restaurantes de onda de ese entonces y Porcel devoraba la comida. Era impresionante verlo comer, tres o cuatro platos era lo mínimo”. (Crónica)