Ese primer almuerzo fue el punto de inflexión. “Se nos pasaron como tres o cuatro horas sin darnos cuenta. Me dejó en mi casa, él es súper caballero, la verdad es que es un lord”, recordó. Sin embargo, lejos de apurarse, el vínculo fue creciendo de a poco. “Tardamos en vincularnos desde otro lugar que no sea la amistad. Pero mientras tanto nos íbamos conociendo”, explicó.
Incluso antes de dar ese paso, él ya dejaba señales. Durante un viaje de Borghi a Punta Cana por sus 50 años, Pablo se las ingenió para estar presente a la distancia. “Todavía no éramos nada, ni un beso nos habíamos dado. Pero me mandaba señales todo el tiempo. Un día llegué y estaban los pétalos formando un corazón arriba de la cama. Otro día había un ramo de frutillas bañadas en chocolate. Otro día había una sesión de masajes”, contó, sobre esos gestos que fueron acercándolos.
A su regreso, la historia avanzó naturalmente. “Empezamos a salir y ahora estamos viviendo una hermosa historia de amor que nos sorprendió a los dos. Ninguno tenía planes de estar en pareja. Pero fue un flechazo irresistible”, aseguró.
Ambos llegaban de relaciones largas -él, tras 24 años de matrimonio; ella, luego de una relación de 15 años con Fernando Casanello- y coincidieron en un momento particular de sus vidas. “Nos encontramos en un momento en el que los dos estábamos permeables para recibir el amor, aunque decíamos que no queríamos una relación. Pero nos fuimos enamorando”, confesó.
Ese proceso implicó tiempo y apertura emocional. “Cuando salís de vínculos tan largos, necesitás tiempo. Pero también te permitís sentir otra vez, darte la oportunidad”, reflexionó.
Hoy, el presente los encuentra disfrutando sin apuro. “El vínculo se fue construyendo de a poco. Y ahora ya empezamos a abrir el juego con nuestros hijos, con la familia. Estamos disfrutando mucho de este encuentro que nos regaló la vida”, dijo.
Sobre su pareja, fue clara: “Es una persona increíble, es una dulzura. Me cuida, me trata como un tesoro. Nos cuidamos, nos protegemos y nos acompañamos”. Y ese equilibrio también se traslada al plano familiar. Pablo tiene una hija de 20 que vive en Inglaterra, mientras que Borghi es mamá de tres hijos. “Los chicos lo fueron descubriendo de a poco y lo tomaron bien porque me ven feliz. Nos ven como dos adolescentes”, contó.
Actualmente, ambos se encuentran en Punta Cana, donde combinan trabajo y disfrute. Él, por compromisos laborales vinculados al turismo; ella, acompañándolo en esta etapa más flexible de su vida.
Y es justamente ese punto el que atraviesa todo su relato: el momento vital en el que llegó este amor. “Me agarra en una etapa en la que tomé decisiones importantes. A los 50 decidí enfocarme en mi presente, en el disfrute. Ya no tengo mandatos. Ya hice todo lo que tenía que hacer”, afirmó.
Lejos de la presión de otras décadas, Borghi se muestra conectada con una versión más libre de sí misma. “Es una gran década para la mujer. Antes estás enfocada en formar una familia, en crecer profesionalmente. Hoy puedo ocuparme de mí, disfrutar y permitírmelo sin culpa”, sostuvo.
Esa mirada hacia atrás también le permite valorar su presente. “Para mí la felicidad es eso: mirar y ver que cumpliste lo que te propusiste. Y ahora es momento de vivir el presente”, reflexionó.
La historia con Pablo, en ese sentido, aparece como un regalo inesperado. “Nos encontró en un momento distinto a los dos. Él mismo me dijo que tenía todo, pero le faltaba la felicidad plena. Y ahí nos encontramos”, reveló.
Sin certezas absolutas, pero con la convicción de estar donde quiere estar, Sandra Borghi transita un amor que no solo la acompaña, sino que también la redefine. “Me permito disfrutar cada instante. Estar acá y ahora es lo más importante”, cerró.
borghi historiaaaa noviooo